10 de marzo de 2011

¿Por qué escribimos? ¿por qué leemos literatura?

... conservo una imagen de lo que es escribir y que procede de una película bastante conocida, a su vez proveniente de una novela magistral. La película era Doctor Zhivago (de David Lean) y la novela del mismo título había sido escrita por Boris Pasternak. Sin embargo, la imagen que se quedó grabada no surgió de la novela, sino del celuloide. El protagonista está profundamente enamorado de una mujer a la que ha perdido la pista durante la revolución rusa de octubre, y también ama a la mujer con la que se ha casado y con la que tiene hijos. Son dos amores diferentes, pero los dos ocupan espacio en su corazón. En cierto momento, huye con su familia de Moscú a un pequeño pueblo de la estepa llamado Peredelkino.  Cuando llegan, la nieve ha cubierto los caminos y el paisaje congelaría el alma de cualquiera.  La casa está aislada en medio de la inmensidad blanca. Entran, encienden las estufas, pero no hay suficiente leña, de modo que al cabo de cierto tiempo todos se van a la cama, menos Zhivago que, aparte de médico, es poeta. Se pone encima dos abrigos, corta las puntas a unos guantes de lana y saca de un pequeño escritorio un tintero y un puñado de hojas tan radiantes como la nieve de afuera. Un candil ilumina la escena en la que él empieza a escribir una frase sobre el papel. De pronto, se levanta, va hacia la ventana  y empieza a limpiar el vaho del cristal hasta que aparece la estepa nevada bajo una luna perfecta. Se queda mirando aquel paisaje que conduce a ninguna parte, en el que están borrados todos los caminos, en el que no hay nada que buscar ni se espera la llegada de nadie, y en los ojos oscuros de Zhivago se adivina, con un resplandor intenso y punzante, el recuerdo de la mujer que ha perdido y a la que tal vez nunca hallará. Después de ese instante de emoción, regresa al escritorio y escribe otra frase. Levanta la vista..., y así transcurrirá toda la noche. Al contemplar esa escena, me di cuenta de que los renglones del papel eran los caminos borrados por la nieve que se veían por la ventana, sólo que eran caminos escritos por su corazón en mitad de su propio frío...

(en “Líneas de voz” de José Luis Corrales)

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